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miércoles, 17 de septiembre de 2008

Aulas sin celulares

La ley provincial que prohíbe el uso de teléfonos celulares en el horario escolar concita opiniones divergentes. Las voces de padres, directivos y especialistas.

"Má, te corto porque estoy en clases. No, no sé nada... Te corto que estoy en clases. Te corto, chau". Otra vez, suena el ringtone. "íMá, te dije que estoy en clases!". Sucedió en una cátedra de un secundario local. La misma institución donde otra docente, antes de tomar examen, retiró 33 teléfonos móviles de un curso de 30 adolescentes.

La máxima del mal uso de estos aparatos en el ámbito escolar se vivió hace un par de meses en la ciudad chubutense de Esquel. Cuatro alumnos de 9no. año de EGB de un colegio salesiano fueron sancionados con 21 faltas, por haber fotografiado mediante sus celulares, los "traseros" de sus maestras y haber publicado esas imágenes en Internet.

La provincia de Santa Fe prohibió por ley el uso de celulares durante los horarios de dictado de clases. La norma, sancionada por la Legislatura hace un par de semanas, alcanza no sólo a los alumnos sino también al personal docente y no docente.

Para el rector del Colegio La Salle, Pascual Alarcón, no era necesaria una ley. "Me parece que en el marco de la educación, nos corresponde enseñar el uso correcto del celular. Lamento que sea necesario legislar para prohibir esta práctica", eñaló.

La mayoría de las instituciones educativas cuentan con medidas internas -expresas o implícitas- para frenar la mala utilización de estos aparatos. En algunos casos, como el del Inmaculada, se les permite traer los móviles sólo a los alumnos que viven lejos. Ellos pueden dejárselo al preceptor, apagado, y pedírselo al término de la jornada escolar. El resto, en teoría, no debería llevar los celulares a la escuela, pero lo cierto es que muchos los tienen escondidos en sus mochilas y aprovechan el recreo para usarlos.

Factor de distracción

Los detractores del celular en la escuela alegan que suele ser un factor de distracción en el proceso de aprendizaje. Los chicos hablan entre ellos de un curso a otro o de un colegio a otro y están pendientes de los mensajes de texto portadores de jugosos chismes, mientras el profesor se esfuerza por dictar un contenido. Ni hablar de que son usados para copiarse durante los exámenes, mediante la activación del vibra-call (modo silencioso).

"Pedagógicamente, estar pendiente del celular interrumpe las clases, los saca de tema. Por eso, les decimos a las chicas que no incorporen todo lo que la sociedad de consumo impone; fomentamos la crítica entre las alumnas a todo lo que se pone de moda y que no es de primera necesidad", indicó María Ester Raviolo, directora de EGB del Calvario.

Una publicidad de una empresa de telefonía móvil difundida por televisión muestra a un animador de fiestas infantiles disfrazado de pingüino, entreteniendo a varios nenes. Suena el celular, se saca la máscara, habla con un amigo y todos los pequeños quedan absolutamente desilusionados. Culmina con un slogan que reza: "Que la comunicación no nos incomunique".

Manassero hizo referencia a ese spot televisivo y sostuvo que usar celulares durante la clase, "más que favorecer la comunicación, la perjudica. La gente no se da cuenta del daño y la interferencia que provoca".

Discriminación

La tesis de que el uso del celular es una herramienta fundamental para que los padres sepan qué hacen y dónde están sus hijos, fue superada por la moda. "Hoy, los adolescentes de menos recursos tienen los celulares más caros, con cámara y otros implementos. La mayor o menor tecnología del celular es un nuevo elemento de discriminación entre ellos, tanto o más que la marca de vaquero o de las zapatillas", dijo la directora del Domingo Silva.

Desde las escuelas advirtieron, además, que sigue en vigencia el viejo sistema de sacar al chico del aula si el padre llama para comunicar alguna urgencia, lo que hace innecesario el celular dentro del recinto educativo.

De todas formas, De Paoli destacó que, ante familias de padres ocupados, la telefonía móvil se convirtió en un instrumento de control de los hijos. Dónde estás, cuándo llegás, que estás haciendo, son preocupaciones que los padres pueden disipar de inmediato por medio del teléfono. Pero advirtió que "nos falta internalizar" el apagado del aparato en momentos importantes, como una clase, conferencia, reunión o celebración religiosa.

Dialogar más que prohibir

Alejandra Gauna, vicedirectora de primaria del Almirante Brown, tampoco considera necesaria una ley. "Si uno habla con los chicos, les explica el porqué del no uso y sabe llegar a ellos, no hace falta una prohibición radical. Si hay un buen diálogo, las cosas se logran mejor que imponiéndolas", señaló.

Una visión positiva de la tecnología

Una corriente considerada por los expertos -aunque no muy estudiada- advierte que el teléfono celular puede convertirse en una herramienta motivadora para el aprendizaje.

"El celular crea nuevos códigos de comunicación ¿Por qué no usarlos para enseñarles a los alumnos a redactar bien? Los adultos no estamos familiarizados con las nuevas tecnologías y no sabemos aprovecharlas como lo hacen los chicos. Entonces, ante el temor, legislamos", opinó Pascual Alarcon, máxima autoridad del colegio La Salle.

Quevedo recordó, a modo de ejemplo, un concurso en el que estudiantes de cine debían presentar un video de un minuto grabado con su equipo de telefonía móvil. El sociólogo codirigió un reciente estudio sobre consumos culturales realizado por la Secretaría de Medios de la Presidencia de la Nación.

Otro argumento

en contra apunta a que la telefonía móvil proporciona la posibilidad de esquivar la autoridad escolar. "A veces, los chicos se comunican directamente con las familias o algún hermano mayor para que los vengan a buscar porque están descompuestos, sin pasar por dirección. Llega el padre acá y no sabemos nada, cuando es importante atenderlos primero en la escuela y evaluar la gravedad del caso, porque a veces son caprichos", esgrimió Alejandra Gauna, vice del Brown.

Mariela Goy

lunes, 15 de septiembre de 2008

Aulas Interactivas

Aunque parece extraño, quizás en 3 o 5 años esto estará presente en las aulas.
Veamos la propuesta.

martes, 26 de agosto de 2008

Desafíos en el aula

Si hay un punto en el que todos los sectores de la vida nacional parecen estar absolutamente de acuerdo es el que se refiere a la necesidad de fortalecer la educación y, sobre todo, de incrementar los recursos que se destinan a su financiamiento. A la hora de las declaraciones formales y de la enunciación de buenos propósitos, toda la dirigencia suele coincidir en que es urgente brindarle al sector educativo el mayor apoyo presupuestario que resulte posible.

Eso explica el beneplácito general con que ha sido recibido el proyecto de ley por el cual se establece que el presupuesto educativo consolidado del gobierno nacional, del conjunto de las jurisdicciones provinciales y de la ciudad autónoma de Buenos Aires deberá ser incrementado, en el curso de los próximos cinco años, en 9000 millones de pesos o en una suma tal que el gasto destinado al sector se eleve, progresivamente, hasta llegar al 6% del Producto Bruto Interno (PBI).

Se trata de una propuesta de extraordinaria importancia para el destino de la Nación. No sólo por el impulso efectivo que se le intenta dar al sistema de enseñanza -fundamental, como tantas veces se ha dicho, para el progreso y el desarrollo de la República- sino también como señal del valor simbólico que los argentinos le estamos otorgando a la celebración del bicentenario de la patria. Pero esa meta no es un punto de llegada sino una base para emprender acciones esenciales para garantizar una educación para todos, que incluya especialmente a los sectores más postergados entre los beneficiarios de una educación de calidad.

La extensión del tiempo escolar, la ampliación de la cobertura del jardín de infantes, el afianzamiento de experiencias como las de aprendizaje en servicio -entre otros temas desarrollados en este suplemento-, constituyen desafíos impostergables para llegar a una enseñanza de calidad para todos, meta que el país debe fijarse sin divisiones.

Al fijar la meta de un presupuesto educativo que no sea inferior al 6% del PBI, el proyecto elaborado por el equipo que conduce el ministro Daniel Filmus pretende situar a la Argentina entre las naciones que privilegian el desarrollo de su capital humano como requisito estratégico para su crecimiento estructural.

Pero si el proyecto de ley enviado por el Poder Ejecutivo al Senado constituye un paso hacia la recuperación del sector educativo, no menos importante será que el país entero se comprometa a que la ley, una vez sancionada, sea cumplida en todos sus términos. Decimos esto porque hay antecedentes que hacen surgir dudas sobre la coherencia entre aquello que los argentinos proclamamos y sancionamos enfáticamente en un determinado momento y los hechos que más tarde somos capaces de producir.

No está de más recordar, en ese sentido, que en 1993 se sancionó la ley 24.195, que en su artículo 61 establecía ya para el financiamiento educativo un monto presupuestario equivalente al 6% del PBI. La incorporación de esa cláusula se debió, en aquel momento, a una iniciativa del senador por Corrientes José Antonio Romero Feris. Pero ese punto nunca fue cumplido y el presupuesto educativo siguió estando notoriamente por debajo del 6% del PBI.

El país debe reflexionar sobre estas cuestiones no para atribuir culpas o responsabilidades ni para formular reproches por los incumplimientos del pasado. Se trata ahora de avanzar con firme determinación hacia adelante. Todo indica que ha sonado, por fin, la hora de la gran reconstrucción del sistema educativo. Está trazado el camino: sólo falta la inquebrantable voluntad de recorrerlo hasta el fin.

Por Bartolomé de Vedia

De la Redacción de LA NACION

domingo, 20 de julio de 2008

Educación, docente y nuevas tecnologías

Una reflexión sobre la tarea docente y las nuevas tecnologías.
Autor: lucpad. You Tube